19 julio, 2024

‘La metamorfosis’ de Kafka cumple un siglo

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Uno de los escritores más populares de la Historia, Franz Kafka, muestra en la lectura de sus obras una imagen de sí como la de un escritor atormentado, víctima de un padre autoritario, de un entorno familiar turbio, de unas relaciones sentimentales fracasadas, de un trabajo insatisfactorio, de una tuberculosis esclavizante y una incómoda pertenencia a la comunidad judía. Una obra literaria estimulada por una imaginación oscura con un continuo relato sobre el malestar, el absurdo, la incomprensión y la falta de sentido de la condición y de la vida humana.
Por esto, toda situación en la que identificamos estos ingredientes recibe el calificativo de ‘kafkiana’, síntoma de hasta qué punto ha calado la mirada del escritor en el mundo.
Franz Kafka nació en Praga en 1883, hijo de un comerciante. Tuvo tres hermanas que le sobrevivieron -las tres morirían en campos de concentración nazis- y dos hermanos, que murieron siendo niños.
Kafka no terminó ninguna de las tres principales novelas largas que abordó y que fueron publicadas póstumamente por su amigo el escritor Max Brod quién consideró oportuno no cumplir la voluntad de Kafka -quien había ordenado la destrucción de sus manuscritos tras su muerte- y dio a la imprenta ‘El proceso’ (1924) -llevada al cine por Orson Welles en 1962-, ‘El castillo’ (1926) y ‘América’ (1927), titulada en principio ‘El desaparecido’ y de la que, en ocasiones, se ha editado de forma autónoma su primer capítulo, ‘El fogonero’.
Kafka publicó en vida diversos cuentos aislados y colecciones de cuentos -otros se editarían también póstumamente-, así como un libro de aforismos y otros textos aparecidos en revistas. A partir 1910 escribió diarios, que no serían dados a conocer hasta después de su muerte.
Redactó entre el 17 de noviembre y el 7 de diciembre de 1912 una de las obras maestras de la literatura de todos los tiempos. “Una mañana, tras despertar de un sueño intranquilo, Gregor Samsa se vio en su cama transformado en un monstruoso bicho”. Así empieza “La metamorfosis”, cuyo centenario de publicación se cumplirá en noviembre de este año. Todos, quienes lo leyeron, saben del horror y de la tristeza del realista y fantástico mundo creado en esta obra.
Franz Kafka murió en 1923 en el sanatorio de Kierling, cerca de Viena, en la crisis final de su larga tuberculosis. Como Samsa en sus días postreros no podía hablar ni tomar alimentos.
En el ensayo recogido en ‘Siete precursores’ del influyente crítico alemán Reich-Ranicki -ya fallecido-el Kafka torturado aparece también como un Kafka torturador: odiaba y temía a las mujeres, odiaba y temía la vida, mareó a sus presuntas enamoradas, tenía miedo a las relaciones sexuales, era egoísta y egocéntrico, se deleitaba en el masoquismo y en sus complejos, era quejica y pesadamente auto-conmiserativo, se odiaba a sí mismo, se sentía sucio y mentalmente enfermo, se fustigaba por ser judío
García Márquez recordaba en su autobiografía “Vivir para contarla” que una noche, un amigo le prestó un libro para que le hiciera compañía: “…nunca más volví a dormir con la placidez de antes”. Ese libro era “La metamorfosis”.

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