4 octubre, 2023

Vitale- Baglietto y un show

excepcional en Jujuy

Lic. María Eugenia Montero

 

 

 

 

 

Quien sino ellos, podían cantar tan estridente y penetrantemente “no sé más qué hacer en esta tierra incendiada, sino cantar”. La letra de Jorge Fandermole (“Canto versos”) suena intensa con la voz de Juan Carlos  Baglietto y el piano de Lito Vitale, y sin dudas ese fue uno de los momentos más fuertes y vibrantes de una noche musical que cortó la semana con placer.

El otro momento sublime fue el homenaje a nuestra democracia, que cumple 40 años. Lito habló de la importancia de tenerla, de haberla recuperado en su momento, y sobre todo de cuidarla, y entonces sonaron dos canciones emblemáticas que nos la recuerdan y recuerdan la historia previa, a la que no debemos regresar.  “Hombres de hierro” de León Gieco y “Alicia en el país” de Charly García, refrescaron musicalmente la memoria. No podía faltar de ellos semejante oda a la democracia.

Es que ellos, juntos, hacen un recorrido de recuerdos, de historia, de buenos momentos. La elección del repertorio tiene que ver, como lo anunciaba Juan en la entrevista previa a su llegada a Jujuy, con poder hacerlo, pero también con las emociones que fluyen y los motivos para interpretar e intervenir un tema.

El telón se abrió tarde en el Centro Cultural “Martín Fierro”, en la fría y lluviosa noche del jueves. Eran casi las 22, y la dupla, que estuvo acompañada también por Jano Vitale (hijo de Lito) en bajo y Martín González (en reemplazo de Julián Baglietto, que no pudo estar en Jujuy, pero se sumaba a la gira el viernes para ir a Salta y Tucumán), inició el show con “De mami”, cumpliendo con la promesa de recorrer la historia de temas de hoy y de siempre. En este caso del disco “¡Mami!” de Baglietto de 1986; y “Dios y el diablo en el taller”, de 1995.

Un tema de Fito (Páez), y ahí sin preámbulos, la versión propia del dúo de “Par Mil” (Dividos).

Ellos tienen la capacidad de crear una nueva versión hasta de aquellos temas que pareciera que no se pueden igualar y menos mejorar. Y entonces quedan dos versiones una más bella que otra, para disfrutar en nuestras listas de preferidos.

Y ahora sí llega el saludo. El contacto de los artistas con la gente. Y Juan pide “disfrutemos de este momento”, casi cerrando los ojos, entregado él también al disfrute total.

Llegó luego el momento del tango que es ineludible en sus recitales, y desplegaron además de temas propios de este estilo, algunos “que no nacieron como tango pero que merecerían serlo”. Pero a todo esto agregaron una motivación compartida con el público, del encanto mutuo con el tango. Explica Juan que de jóvenes, sus padres Donvi Vitale y  Tito Baglietto, quisieron inculcarles a ellos el amor por el tango, pero “nosotros no venimos del tango, y cuando pudimos elegir, elegimos otra música”, asegura.

Pero sucedió lo que sucede normalmente, que es darnos cuenta que lo que decían nuestros padres cuando éramos adolescentes, de adultos cobra más sentido, y recién entonces les encontramos razón. Por eso ambos, cuando se reencontraron con el tango, fue para disfrutarlo a fondo y claramente para homenajear a sus padres.

Y en medio de este segmento suenan entonces el preferido de Donvy, “Sur”, y el de Tito, “El cuartito azul”. Y sí, es la sensación de reconciliación con los afectos, en el momento en que se aclara el orgullo por los padres, y por encontrar algo más en común con ellos. Así lo expresaba sentidamente Baglietto antes de cantar.

La red de afectos familiares unidos por la música, viene de sus padres a ellos y de ellos a sus hijos, que desde hace un tiempo también forman parte de la banda del dúo. Legados.

Éste fue un momento muy emotivo. Baglietto contó “mi papa era buen cantor. Y en la fiesta de fin de año fumaba el único cigarrillo del año y cantaba. Yo aprendí a cantar las canciones que el cantaba, para estar más cerca de él”.

Siguiendo en página del tango llegan más canciones de los grandes del rock nacional, ellos y muchos otros. “Viernes 3 AM” de Seru Giran, dice en la angustiada voz de Juan, y el duro sonido del piano de Lito, “Y llevas el caño a tu sien/ Apretando bien las muelas/ … Bang, bang, bang” (las luces del teatro se vuelven penumbras en ese momento), y sigue “Hojas muertas que caen/ Siempre igual/ Los que no pueden más/
Se van”. El nivel de interpretación es indiscutible, cantar dolores también es arte, del más profundo.

Y también “Malena” y más. Y sí, se reafirma que es un dúo donde ni el piano ni la voz son primeros. Son los dos. Son  juntos. Y de esta forma logran una belleza absoluta.

Y volvieron los hijos, y un poco más de canciones, y más emociones, la expresión de admiración hacia Jorge Fandermole, un rosarino como Juan, que el cantante definió como uno de los mejores poetas de habla hispana, y el agradecimiento a un público que asistió a pesar del día, del clima y de la economía, y finalmente el saludo final.

Con todo, incluida una mínima falla técnica en los dos primeros temas, que le impidió el retorno a los artistas, el espectáculo fue el esperado (Baglietto pidió disculpas y preguntó cómo se escuchó, y en realidad, sólo un perfeccionista pudo haberlo notado). Se escuchó bien, muy bien, sin fisuras, con mucha emotividad, y siempre certero en sus fundamentos.

Ya cerrando el encuentro llegaron más viejas canciones, esas bien aquerenciadas, como “Un loco en la calesita”,  “Piedra y camino” (de Atahualpa Yupanqui, por quien ambos tienen una admiración superlativa); y “El témpano”.

Un bis y el saludo final. Todos conformes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.