19 julio, 2024

Por Prof. María Cristina Jorge *

(adhesión del Museo Franciscano)

El monumento erigido en el centro de la Plaza Belgrano se inauguró en 1931, sin embargo, había sido un proyecto del gobierno de Manuel Bertres, quien colocó la piedra funda- mental en 1906 con motivo de la proximidad del Centenario de la Bendición y Jura de la Bandera en Jujuy, 1912. La ciudad crecía, cambiando su aspecto colonial por el de una urbe más moderna y pujante. Recién en 1925, Benjamín Villafañe recibió los resultados del concurso organizado por la Comisión de Bellas Artes: el ganador fue Víctor Juan Garino (Buenos Aires 1878 1958), reconocido artista argentino formado en Italia, Francia y Alemania. En nuestro monumento, Garino plasmó el pensamiento belgraniano que muy bien conocía. «… construir un país, donde la educación, el trabajo y la producción sean su sólido fundamento». Así es que cuando nos aproximamos a la obra, podemos observar la magnífica figura ecuestre de Belgrano, elevando la Bandera y su mirada orientada hacia el Este, como signo de esperanza por la nueva Patria que está surgiendo.

El material utilizado es el bronce en el que también realizó los altos relieves que ornamentan las placas de mármol granítico de su basamento. En uno de los laterales se lee MENS aludiendo a la representación donde figuras yuxtapuestas: jóvenes levantando la columna de una Academia, otros que estudian y observan un globo terráqueo, libros, un aborigen alfarero dando forma a un cántaro, un anciano pensativo, todo este conjunto alude al discurso belgraniano asegurando el camino de las artes y de que las ciencias eran indispensables para

construir una Nación que aparece abrazada por las alas de la Victoria. En el lateral opuesto se lee LABOR – trabajo- los campesinos levantan cosechas, los bueyes transportan el fruto de la tierra junto a pastores y animales. Es la AGRICULTURA a quien Belgrano imaginaba como madre fecunda que dinamiza la economía y allí aparece la mujer sosteniendo la Cornucopia -cuerno de la abundancia- que muestra los frutos del trabajo en tiempos de Paz.

En la cara frontal se lee: Jujuy al general Manuel Belgrano 1931. La obra se inaugura un 24 de mayo y uno de los oradores fue el joven estudiante del colegio Nacional, Horacio Guzmán. Debajo de la inscripción, un alto relieve de bronce muestra el escudo jujeño donde están simboliza- dos los ideales de Igualdad, Libertad y Fraternidad.

Cerrando el mensaje, en la cara posterior, una gruesa rama de roble sostiene y abraza un libro inscripto con la frase «Fundador de las Primeras Escuelas de la Patria.

El prócer aseguraba que, sin la educación, el pueblo estaba perdido: «…surgirán hombres ignorantes, pocos productivos e incompetentes para una nación igualitaria y moderna». En esta obra se pone de manifiesto el optimismo que se genera cuando un pueblo camina hacia el futuro del progreso. Son los discursos del pasado  de los hombres de la Revolución de Mayo- y del presente de Garino la generación Centenario 1910, manifestándose en un asombroso texto donde no falta lo poético.

*Miembro del Museo de Arte Sacro San Francisco de Jujuy

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