22 febrero, 2024

El historiador Antony Beevor documenta la última apuesta fallida de Hitler

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Con el propósito de asestar un golpe sorpresa que provocara la división de los ejércitos aliados y le permitiera recuperar terreno, el dictador alemán Adolfo Hitler inició el 16 de diciembre de 1944 una violenta maniobra que derivó en una cruenta batalla que el historiador inglés Antony Beevor narra con épica y precisión en su libro Ardenas 1944. La última apuesta de Hitler.

En el recurrente proceso de desmitologización emprendido por la historiografía moderna para bajar el bronce algunas de las contiendas que tuvieron lugar en el marco de la Segunda Guerra Mundial y enfatizar su componente sangriento por sobre la impronta heroica, ahora le toca el turno a Ardenas, la batalla que implicó el accionar de un millón y medio de soldados de los dos bandos y que desestabilizó las filas aliadas pese a su condición de fracaso asegurado.

El ya célebre Antony Beevor (Londres, 1946), autor de obras como Las batallas de Creta, Stalingradro o Berlí­n, aborda en su reciente obra Ardenas 1944. La última apuesta de Hitler (Crítica) la antesala, el desarrollo y las secuelas del último y desesperado intento de Hitler que consistía en realizar un ataque sorpresa avanzando por Amberes con el objetivo de dividir a los ejércitos aliados apostados en territorio belga.

Con su ya acostumbrado arsenal documental que incluye mapas, fotografías y un completo glosario, la investigación se vale de las descripciones y el relato pormenorizado para abordar la dimensión (in)humana de la guerra: la lucha de egos entre aliados y la desmesura del dictador nazi, negado ante cualquier insinuación de derrota y a la vez imperturbable ante la magnitud de los civiles muertos.

Hacia mediados de 1944 reinaba la euforia en territorio europeo: luego de las victorias en el oeste, el atentado a Hitler del 20 de julio y el desembarco en Provenza en agosto, se pensaba que la guerra terminaría antes de fin de año, pero en un agónico gesto final Hitler planteó un contraataque justo en la intersección entre las fuerzas británicas y estadounidenses.

El 16 de septiembre de ese año, mientras estadounidenses y británicos soñaban con una Navidad tranquila en Berlí­n, el líder nazi inició su desquiciada ofensiva para recuperar la iniciativa en el frente occidental: atravesar los bosques de las Ardenas para tomar Amberes, separar a británicos de estadounidenses, romper su alianza y concentrar todas sus tropas en el frente del Este.

«‘Fue un acto de desesperación, pero tení­amos que arriesgarlo todo’, dirí­a el general Jodl después de la guerra. Salió lo previsible: Hitler acabó suicidándose y Jodl colgado en Nuremberg, pero sólo tras el sacrificio de decenas de miles de hombres», sostiene Beevor.

La ofensiva comenzó el sábado 16 de diciembre, cuando las tropas alemanas especularon con que el clima adverso impediría que los aviones despeguen durante días. Sin embargo, la operación fue un fracaso estrepitoso, aunque nadie se animó a comunicárselo a Hitler.

En línea con el registro de su libro Stalingrado, el historiador entremezcla el tono épico de la que fue la mayor batalla de la guerra en el frente occidental -«una batalla librada en condiciones extremas, que llegó a implicar a un millón de hombres y en la que los dos bandos cometieron crímenes brutales», según detalla- con una aproximación al pánico y la angustia de los soldados y los civiles implicados en el campo de batalla.

Beevor no se conforma con detallar los pormenores de la derrota alemana y va más allá, poniendo el foco sobre los crí­menes de guerra cometidos por los soldados estadounidenses como represalia a los asesinatos perpetrados por los soldados de las SS: el investigador detalla cómo no fueron juzgados y quedaron silenciados durante décadas.

El autor describe el pánico de los soldados estadounidenses al acercarse los tanques alemanes y el espanto de una población que ya se creí­a a salvo de la guerra, el choque de egos entre Eisenhower y Montgomery o los movimientos del escritor Ernest Hemingway por el frente.

Beevor objeta también la errática planificación de los aliados, que por fallas en los servicios de inteligencia no detectaron los preparativos y el alcance de la ofensiva y en segundo lugar enviaron reemplazos poco preparados para el combate de la infanterí­a.

También cuestiona el autor la falta de sincronización del mando supremo, simbolizada en una crítica recurrente en sus obras: el relato pormenorizado de las desavenencias entre Eisenhower y Montgomery.

Sobre el final, Beevor sostiene que el resultado de la operación fue altamente desfavorable para el Reich, ya que la contienda en aventura de las Ardenas provocó que el frente oriental aumentara su vulnerabilidad y así el principal error de las tropas alemanas fue juzgar erróneamente «a los soldados de un ejército al que fingí­an despreciar».

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