Habrá un recital homenaje en el

Centro Cultural “Éxodo Jujeño”

 

 

 

Lic. María Eugenia Montero

Con la tranquilidad que lo caracteriza, y que supo transmitir a su público y sus alumnos a lo largo de los años que le dedicó a la música y la enseñanza, así, se fue el 24 de diciembre último. Hablamos de Ernesto “El Negro” Altamirano, quien será homenajeado con un sentido recital, mañana a las 19 en el Centro Cultural “Éxodo Jujeño”, donde actuarán el Ballet “Sol y Arte”, Los Copleros, Gato García, Elías Abalos, Grupo Quebracho. La organización es de la Asociación “Sol y Arte” con el apoyo del Concejo Deliberante de San Salvador de Jujuy.
Cuando se durmió para siempre, ya había logrado estar, a pesar que su salud no estaba al cien por cien, acompañando a sus “ángeles terrenales” (como él le decía a los chicos de la Asociación “Sol y Arte” de educación artístico especial), en la última muestra anual en el escenario mayor del Teatro Mitre. Se lo propuso y estuvo ahí, al otro día volvió a caer internado.
Y es que la pasión y el amor profundo por el arte como herramienta fundamental de integración y felicidad, de plenitud para las personas con discapacidad tanto como para el público en general, lo movilizaron siempre, hasta el último día de vida.
En el 2011 había anunciado que iba a comenzar a despedirse de los escenarios, pero lo cierto es que el artista que lleva la música en las venas, nunca se termina de ir. Siguió hasta de partenaire de sus alumnos en el espectáculo del año 2016 de “Sol y Arte”, donde cantó en un fragmento de “El Fantasma de la Ópera”, y además ya estaba todo listo para volver al escenario de Cosquín, en la edición de este 2018. Lo haría con Los Kererinkas, de la mano de Bruno Arias, que reivindica por estos tiempos el trabajo de los conjuntos vocales.
El destino no quiso que llegara ese día para él, pero en la voz de sus compañeros, y en el reconocimiento profundo de Bruno Arias, el “Negrito” vibró y brilló.

Su historia

El “Negro” formó parte de la cuadrillas de nombres marcados con letras de oro, como los grandes maestros y referentes de la música jujeña, ya en la década del ‘60.
Además de su camino artístico que esporádicamente continuó hasta su despedida, y a la vez enseñando, “dejando la semilla” como él decía, y además haciendo una labor muy bella y trascendental al frente de la Asociación “Sol y Arte”, destinada a la educación artística especial, para niños y jóvenes con diferentes discapacidades.
Hoy “Sol y Arte” sigue su curso porque su equipo de trabajo, docentes con gran vocación encabezados por su hija Gabriela Altamirano, han decidido tomar esa bandera que siempre defendieron y a la que se dedicaron, sólo que ahora sin él, pero con su fortaleza.
La música estuvo relacionada con su vida desde muy chiquito. “Comencé tocando en la primaria. Yo iba a la Escuela ‘Juanita Stevens’ y ahí formamos un conjunto con mis compañeros. Yo tocaba el charango en todos los eventos y fiestas patrias. De ahí nace mi devoción por la música”, me contó alguna vez. Después sumó también la quena a su aprendizaje, y recuerda que fue en esa época que tenía amigos Mono Rivarola y David Bustamante, que también se iniciaban en la música por aquel entonces.
Más tarde ya con perfil profesional, fue parte de Los Airampeños y Los Chaguas, que sirvieron de trampolín para una experiencia impagable como fue luego la creación de Los Kererinkas.
Ernesto Altamirano fue fundador de este prestigioso grupo del folclore jujeño, junto a Francisco “Paco” Luca, César “Fofa” Lizárraga y Julio Mur. Los Kererinkas no sólo se inscribieron con letras de oro en la historia de la provincia sino que el éxito les llegó a nivel nacional. Luego se sumaron Héctor Mercado y Rafael Díaz, que siguieron con el “Negro” y “Paco”. Se grabaron Long Plays y discos promocionales, y realizaron giras por Buenos Aires, muchas de ellas con el apoyo del gobierno para representar a Jujuy en la “gran urbe”.
Fue en 1966 cuando viajó con la primera formación de Los Kererinkas para grabar en los estudios de Julio Marbiz en Buenos Aires. En 1988 viajó a Mar del Plata con la segunda formación de Los Kererinkas, enviados por la Dirección de Turismo de Jujuy para representar a Jujuy en la Semana del Mar.
Más tarde llegó su momento de continuar como solista, cuando en 1974 se separa de Los Kererinkas.
En esta etapa también participó en festivales como los de Cosquín, Cafayate, y se presentó en La Casa de Jujuy en Buenos Aires, Radio El Mundo, Radio Splendid, Canal 7, Radio Nacional, en el programa “Rapidísimo” con Héctor Larrea, etc. “El folclore jujeño es el que me dio todas estas satisfacciones, así que siempre hago esta música por agradecimiento”, explicaba.
En 1990 recibe de manos de María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges “La Pirámide Trunca”, 1º Premio de Artes y Letras en el rubro Música Popular Individual de la Secretaría de Cultura de la Nación; y en 1998 recibió el Premio San Salvador, que otorga el municipio de San Salvador de Jujuy cada año a ciudadanos destacados.
Una calle de nuestra ciudad lleva su nombre desde hace año, como parte del reconocimiento que en nuestra tierra le debemos.

Amor por sus “ángeles”

Fue el fundado y presidente de la Asociación “Sol y Arte” de educación artístico especial, institución cuyos alumnos tienen una presencia importante en nuestro medio, puesto que son sus logros artísticos forman parte de espectáculos de primer nivel.
Presentaron obras teatrales, y espectáculos de danza con su propio ballet, en el Teatro Mitre, en distintos festivales, y hasta en Cosquín donde fueron invitados en los dos últimos años para actuar como artistas invitados en distintas de sus instancias con sus cuadros argumentales.
Su actividad con los chicos discapacitados, comenzó por una vecina que tuvo hace muchos años, que era la presidenta de Areni (institución que cumple la misma función). Ella le pidió que le enseñara a su hijo Roque (o “Roquito” como le dice el profesor Altamirano con cariño), a tocar el charango. El niño tenía síndrome de Down. Fue entonces que se animó a esta tarea tan loable como hermosa, y comenzó a buscar los medios y las formas para poder transmitir su arte en esta situación.
Al poco tiempo Roquito estaba tocando “El Humahuaqueño”. Su madre, feliz, le pidió al maestro que hiciera lo mismo en Areni, y lo hizo. Pasado un tiempo, la asociación de padres de Areni, lo mandó a hacer cursos de Musicoterapia en la Universidad del Salvador, para perfeccionar sus métodos de enseñanza. Se formó y los chicos lo conquistaron del todo, y no pudo hacer otra cosa que seguir con este camino.
Más tarde entró en la Cooperativa Crecer y hasta el día de su muerte fue es presidente de “Sol y Arte” donde trabajó junto a su hija Gabriela, docente de música, y un equipo de jóvenes profesores de arte que hacen maravillas cada año.
En “Sol y Arte” los chicos hacen expresión corporal, pintura, teatro, música, etc., y todo con muy buenos resultados. Ellos lo despidieron en el cementerio, el día 25, el día de Navidad, ellos hablaron con el alma y nadie más pudo agregar nada, porque lo dijeron todo. Esa capacidad de amor y de expresión se las dejó él. Sin lugar a dudas.