19 junio, 2024

Inauguró la nueva exposición de ARGRA

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La 26ª edición de la exposición más importante de fotoperiodismo que se organiza en el país y en la región es la muestra anual de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (Argra)

Esta edición incluye 300 placas relevantes del año pasado: El año 2014 en imágenes. La muerte de Gustavo Cerati. La primera aparición pública de Ignacio Guido Montoya Carlotto, junto a su abuela Estela. El Mundial, los festejos y la bronca. Dramas sociales: inundaciones, desalojos, policías llevándose a adolescentes, cuerpos dañados por agrotóxicos. Retratos: Fito Páez, Juanse, el Indio Solari.

Entre las fotos hay algunas que han sido publicadas y otras son las que los editores descartan. Otras nacieron del impulso del fotógrafo que, enterado de un hecho, sale a la calle y después ve si algún medio se interesa por la imagen que tomó. Esto distingue a la Muestra de Argra: la posibilidad de toparse con imágenes que, de otro modo, hubieran estado condenadas al olvido. O con otras muy potentes que no adquirieron una difusión masiva. La muestra surgió en 1981, por iniciativa de un grupo de reporteros gráficos, en plena dictadura militar. Con el nombre de El Periodismo Gráfico Argentino, exhibía imágenes prohibidas o inéditas. Fue un fenómeno de resistencia. En la primera muestra hubo 200 imágenes y cinco mil personas hicieron fila en la calle para verlas. Con los años, la muestra pasó de pequeños sitios a amplias salas y adquirió un carácter itinerante y federal. Esto último se refleja en dos cuestiones: esta edición pasó primero por Mendoza y, además, la componen imágenes de reporteros de todo el país.

En cada edición, Argra presenta un catálogo cuya tapa es la foto más relevante del año. En esta oportunidad, el comité editor integrado por Diego Aráoz, Daniel García, Sergio Goya, Pepe Mateos y Res eligió una de Leo Vaca: el primer abrazo público de Guido y Estela. “Una foto es pedacito del pasado, un testimonio, una prueba. Pero una foto también es una manifestación del futuro. Una sonrisa pegada a la otra. Unos dientes que parecen la duplicación de los mismos dientes. Unos ojos adentro de un dibujo simétrico de arrugas. Una mirada que quiere capturar ansiosa lo que viene. Otra mirada que se inclina con calma hacia adelante. Guido y Estela. Una foto que ya no dice quiénes fueron, cómo eran cuando estaban amputados el uno del otro, no es la imagen para siempre joven de Laura ni la diplomática tozudez de Estela ni la ternura del músico. Es un acto de adivinación. Es una gitana que lee en las manos de la historia y dice: vas a encontrar por fin la paz que buscabas y tu corazón se aquietará y podrás pensar en otras cosas, incluso podrás poner tu mente en blanco porque tu viaje ha llegado al final y a la vez tu barco está a punto de zarpar”, escribió Raquel Robles para el prólogo.

La contratapa es del fotógrafo de Página/12 Pablo Piovano, que presentó un ensayo impresionante y premiado, titulado “El costo humano de los agrotóxicos”. Se trata de un trabajo que hizo por su cuenta para mostrar esta realidad. Y esa contratapa es un retrato de Lucas Techeira, de Colonia Aurora, Misiones. Es un niño de tres años que nació con ictiosis, una afección que resquebraja la piel. Su padre tuvo que abandonar su trabajo en las plantaciones de tabaco cuando nació su hijo, y su mamá Rosana manipuló sin protección glifosato en su huerta durante el embarazo. Las imágenes que cubren el catálogo de Argra dan cuenta del espíritu de la muestra: está lo mejor y lo peor, lo más importante que pasó en el año, lo que está a la vista de todos, y también lo que no se ve. Las fotos están dividas por temáticas: actualidad, deportes, retrato, vida cotidiana, política, naturaleza, medio ambiente, arte y espectáculos.

De la charla con Página/12, antes de la inauguración de la muestra, participan reporteros gráficos que integran la planta permanente de distintos medios y otros que trabajan de manera free lance. Leandro Teysseire, también de este medio, tiene en la muestra un retrato de Juanse. Fabián Mattiazi, de Gente, un retrato de Fito Páez y también una vista del depósito Iron Mountain en llamas. “Barracas es una zona de casas bajas. Logré subir a un edificio, a dos cuadras. Siempre hay un portero buena onda que te deja subir. De ahí se podía ver el incendio”, cuenta. De Hernán Nersesián, de Crónica, quedó seleccionada una foto que le tomó al cantante Pelle Almqvist, de la banda sueca The Hives, en un show en el Personal Fest. Martín di Maggio capturó el desalojo en el barrio Papa Francisco, de Villa Lugano.

“No hace mucho que hago esto. Me gusta trabajar temáticas sociales, sin que me lo pidan. Mi foto que quedó es una de un niño que se está llevando sus cosas en una bolsa de consorcio, ante la mirada medio fría de un par de efectivos de Gendarmería Nacional y con un policía de la Metropolitana cerca. El niño mira fijo a cámara. Busqué mostrar que no hay nada más allá del desalojo: las personas quedan en situación de calle”, relata Di Maggio. “Fui al barrio toda la semana, con dos colegas. Cuando llegamos el día del desalojo, el lugar estaba cerrado para que no pasara la prensa. Se conseguían imágenes desde arriba o desde casas linderas. Llamé a un amigo que vivía ahí adentro y nos metimos por la villa. La foto es desde adentro.” Joaquín Salguero, debutante en la muestra de Argra, no sabe cuál de sus fotos cubrirá las paredes del Palais. Pero mandó tres: una de Randazzo, otra de Cristina Fernández de Kirchner en la inauguración de las sesiones en el Congreso y otra del Elefante Blanco. De Daniela Amdan, fotógrafa free lance, fue seleccionada una foto del Racing campeón. “Salen varios fotógrafos en la imagen. Está Milito, no lo podía creer ni él, varios agarrándole la camiseta… era un kilombo, decidí irme más atrás. No sé dónde me subí y salió esta foto.”

Un día de trabajo en el Hipódromo de Palermo, Vanesa Crisostomo se topó con una manifestación: “Se metieron unas activistas por los derechos de los animales en medio de la pista cuando todavía estaban los jockeys, que no habían terminado de cruzar. Ellas se metieron con carteles y los de seguridad las sacaban. La foto no se usó porque yo estaba trabajando en prensa del Hipódromo”. Juan Moreno Parra, que colabora con Acción y con Hecho en Buenos Aires, registró una “acción visual” en la estación Constitución: cinco chicas vestidas de rojo alzaban un cartel que decía “Ayotzinapa somos todos”, acción que él mismo generó con ellas. “Hay una frase que Argra utilizó cuando se cumplieron diez años de 2001. Creo que es de John Berger. El verdadero significado de la fotografía se revela con su relación con el tiempo. Eso es lo que muchos pensamos cuando mandamos nuestras fotos para la muestra anual: que la imagen va a formar parte de un libro”, apunta Moreno.

Un aspecto que los reporteros destacan de este acontecimiento es su carácter federal. “En la selección tenés fotos de todo el país. Entramos todos con las mismas posibilidades”, recalca Mattiazi. Salguero completa: “Muchos de nosotros, que vivimos en Buenos Aires, somos amigos en Facebook; entonces tenemos vistas las fotos de nuestros compañeros. Las fotos que más nos sorprenden son las del interior”.

Hay otra cuestión que la muestra de Argra pone sobre la mesa. Este grupo de fotógrafos se opone a esa sentencia que declara la muerte del fotoperiodismo. “Está pasando por su mejor momento”, dice Di Maggio. “Las compañías periodísticas en la Argentina todavía no engancharon con la fotografía documental, que es lo que se viene. El registro, el documental gráfico del instante preciso, el minuto a minuto, va a desaparecer. Será suplantado por los teléfonos celulares. Yo discuto con mostrar lo que mostró la tele: ya es viejo. Los medios grossos que se mantienen en la cresta de la ola trabajan con crónicas fotográficas, ensayos y trabajos documentales.” Moreno piensa parecido: “Nunca en la historia de la fotografía hubo tantos medios, tantos fotógrafos, tantos lugares donde publicar. De ahí a que te paguen es otra cosa. La crisis no es del periodismo, sino de las empresas, de la guita”. Para Salguero, “lo más importante es la mirada” y eso es lo positivo de este momento.

“Cuando cubrís una marcha y hay cien mil personas, hay cien mil cámaras porque hay cien mil celulares. Muchas veces los medios usan esas fotos, pero no son las mismas que hace un profesional. Ahí está la diferencia: el fotógrafo siempre va a tener otra mirada”, opina Mattiazi. Paula Ribas, de Télam, se refiere a las condiciones en las que hoy trabajan muchos colegas. “Algunos trabajamos fijo para medios, otros tienen que estar buscando que les paguen su trabajo. Hay algo que nos une a todos: somos trabajadores. Por la filantropía no lo hace nadie, todos necesitamos vivir. Es distinto ir a trabajar y saber que a fin de mes cobrás un salario a tener que ir a la calle, facturar, vender, luchar para que te paguen como corresponde. Ese es el trabajo menos valorado salarialmente y que corre más riesgos. Son pocos los lugares que quedan con un puesto laboral de fotoperiodista.”

* La muestra se puede visitar hasta el 17 de agosto en Posadas 1725, de martes a viernes, de 12 a 20, y sábados y domingos, de 10 a 20. La entrada es libre y gratuita.

Fuente: Pagina 12

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