22 febrero, 2024

Madres y libros

por Ildiko Nassr

 

Debe haber otras madres que disfruten de que les regalen libros. Hay otras hijas que escriben para asir-se a sus madres o para re-construir el vínculo con ellas. Madres que están aprendiendo a serlo. Madres que aman la maternidad o que huyen de ella. Madres que, cuando salen a caminar, recuerdan. Hijos que juzgan o no comprenden a sus madres. Hijas que reivindican a sus madres cuando ya no las tienen. Hijos que se prometen compensar a sus madres (y ganan el premio Nobel de Literatura). Hijas que lloran y ríen y se enamoran y son felices. Hijas que comparten a sus madres.

Todos tenemos madre. En algunos lugares, el peor insultos es decirle a alguien “no tenés madre» y duele más que un consabido hdp. Una no elige a su madre, pero hay madres que nos eligen. Madre. Mamá. Mamita. Má. Vieja. Anyu. Baba. Como le digamos, la abracemos y celebremos con un libro, con palabras de otro que nos ayudan a entender-nos.

La madre en (algunos) libros:

Hoy te quiero recomendar un par de libros que te recomiendo siempre y otros que pueden ser una opción para regalar (o regalarte) el domingo.

  • Infancia, de J.M. Coetzee

Viven en una urbanización, cuyas calles tienen nombres de árboles, aunque no hay árboles. Su madre quiere una bicicleta; le dice al padre que será libre con ella, que no piensa quedarse encerrada en la casa. El padre se burla de ella y el niño Coetzee se acopla a las bromas del padre y se promete que algún día la compensará. Es 1950 en Sudáfrica, en pleno Apparheid.

Coetzee escribe sobre aquel niño y la relación con su mundo.

 

Él y su madre están cruzando un erial público cerca de la estación de ferrocarril. Va con ella pero a distancia, sin tomarle la mano. Como siempre, va vestido de gris; jersey gris, pantalones cortos grises, calcetines grises. En la cabeza lleva una gorra azul marino con el emblema del Colegio de Chicos de Primaria de Worcester: la cumbre de una montaña rodeada de estrellas, con el lema Per Aspera ad Astra.

INFANCIA. J.M. Coetzee. Ed. Debolsillo. Argentina, 2009.

  • Los niños, de Carolina Sanín

Si al salir del supermercado una desconocida se te acercara y te ofreciera un niño, o si, de la nada, un niño apareciera en la puerta de tu casa, ¿qué harías? Es, más o menos, lo que se plantea en esta novela. La protagonista no quiere ser madre y el niño no quiere ser su hijo, pero, aún así, entablan una relación de cariño y cuidado.

Una escritura fluida y ágil nos asoma a múltiples interrogantes sobre la maternidad y las infancias.

 

La mujer me ofreció un niño. Quería darme a uno de sus hijos, pero mi reacción la hizo vacilar y, para disimular, quiso hacerme creer que llamaba “niño» a mi perro.

 

LOS NIÑOS.  Carolina Sanín. Ed. Blatt & Ríos. Buenos Aires, 2018.

  • Apegos feroces, de Vivian Gornick

Madre e hija salen a caminar y, mientras conversan, recuerdan y construyen un vínculo (no siempre amoroso ni fácil).

Este es un libro hermoso y complejo, aunque simple y atractivo de leer.

 

Mi madre, experta paseante urbana (sin mencionar su habilidad para cazar asientos en el metro), se abre paso a codazos entre la multitud, y yo la sigo justo detrás. Va avanzando con premura hasta que un hombre le bloquea el paso a propósito. Ella se echa hacia la izquierda y él se echa hacia la derecha. Mi madre se queda mirando fijamente el pecho del hombre y entonces,  rauda como un pájaro asustado, alza la vista a su cara; después de todo,  esto es Nueva York. Durante un instante todos sus sistemas de respuesta se desconectan. Deja de reaccionar. Se limita a quedarse allí. Entonces, de repente, vuelve a ser ella.

APEGOS FEROCES. Vivian Gornick. Ed. Sexto Piso. México, 2020.

  • Mamá, de Joyce Carol Oates

Joyce Carol Oates es una escritora fuerte que narra sin temor a nada. No es para lectores que se escandalizan o sonrojan ante ciertos temas. Escribe de forma magistral. Te atrapa desde la primer línea. Esta es la historia de una pérdida y de cuán importante es nuestra madre en nuestras vidas. Pero también es la historia de un asesinato y de los caminos para resolverlo, sin caer en los estereotipos del policial.

 

-Mamá, no voy a dejar que te salgas con la tuya fingiendo que eres vieja. Porque no eres vieja. Eres lo que se dice inmadura, lo que en la actualidad es prácticamente la media de edad en Estados Unidos. ¡Joven!

Había tomado la mano de mamá, que era pequeña y huesuda y estaba sorprendentemente fría.

MAMÁ. Joyce Carol Oates. Ed. Alfaguara. Buenos Aires, 2010.

 

Buena vida y buenas lecturas

 

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