La columna de Ildiko

Feria Internacional del Libro Buenos Aires 2019…

Una aproximación subjetivísima

 

 

por Ildiko Nassr

La primera vez que vine a esta feria fue en el 2000. Viajé  con un grupo de escritores jujeños para representar a mi provincia y presentar mi primer libro. Quedé maravillada con la experiencia. En esa época, Jujuy no tenía un stand propio y lo compartía con otras provincias. Estaba en un lugar alejado del Centro de interés más grande de la feria y aún así el público lo recorría y buscaba a los escritores del margen, de las provincias.

Fue muy interesante en aquella época y lo sigue siendo ahora.

Las ferias del libro, en general, tienen el propósito de acercar los libros a los lectores (y viceversa). La de Buenos Aires es la más importante de América Latina, no tanto por su tamaño como por la cantidad de asistentes.

Recorrer la feria (como recorrer una librería de cadena) es emprender un viaje sin brújula. Hay quienes marcan un itinerario preciso de búsqueda de libros específicos pero son los menos. El recorrido tumultuoso (lleno de gente) es placentero porque nos detienen algunos libros, muchas ofertas, algún escritor que ofrece sus productos como un mercader. Se suceden incontables los ofrecimientos y las inquietudes para sumergirse en la lectura. Pero este maremágnum de propuestas editoriales (que no siempre son literarias) ¿convertirá a los paseantes en lectores? ¿Qué tipo de lectores son los que recorren esos miles de stands que ofrecen a gritos sus productos? ¿Son lectores o simples curiosos?

Salen miles de asistentes con bolsas cargadas de libros como si fueran tesoros que rescataron de un barco hundido. ¿Qué destino tendrán?

Me pregunto si los lectores habituales vendrán a la caza de ofertas o solamente para enriquecerse con la presencia y la comunicación de los escritores y demás miembros de la industria del libro.

En lo personal, camino por este monstruo como un niño en una juguetería (alguien me dio esta imagen y se la robo). Camino con la vulnerabilidad y la impunidad que te da el anonimato. En Buenos Aires nadie te conoce, nadie te mira. Hasta que alguien grita tu nombre y es un escritor al que le escribiste el prólogo de su libro o un poeta patagónico que conociste hace 15 años. Para eso sirven las ferias: para el encuentro.

Conocí una varios escritores de los que había leído algunos textos. Me encantaron algunas conversaciones y ser parte de la familia de la microficción, este género que es tan generoso y fascinante.

Escritores que también motivan e impulsan la creación literaria, en otras latitudes, pero con igual pasión. Compartir experiencias es sentirse un poco menos solo.

El stand de Jujuy ahora es lindo y gana premios pero ya no vengo a esta feria en representación de mi provincia, sino invitada por la fundación El Libro.

Igualmente, en cada actividad, en cada diálogo, aparece mi lugar de origen y yo soy Jujuy para muchos.

Fiesta de palabras. Encuentro con amigos (libros, lectores, escritores). Cada feria renueva las energías y el compromiso con la palabra y con la ficción.

Es inevitable combinar los recuerdos con el presente y hacer una retrospectiva celebratoria de este trabajo, de esta búsqueda que es la escritura (inseparable de la lectura). Leer y escribir como dos caras de una misma moneda y de un mismo deseo.

Retorno a casa, a la rutina con la valija llena de libros y promesas de nuevas experiencias sensoriales de lectura.

 

Buena vida y buenas lecturas

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