¿Qué es eso que conecta a las personas que leen? ¿Qué es el ‘hilo invisible’? En esta nota, indago sobre ello a partir de situaciones personales.

Ildiko Nassr, Tenerife, noviembre de 2017.

Esta mañana estuve en La librería de mujeres en Santa Cruz de Tenerife. Es muy desconcertante la sensación de querer llevarte todos los  libros pero sopesarlos y planificar el peso de tu valija. Compré sólo un par de libros. Aún me esperan en casa varios libros que compré y me regalaron en México.

La dueña, muy atenta, me regaló un libro. Sabía quién soy y me dejó recorrer, tocar y apreciar los libros y otros artículos interesantes. Me fascina conversar con libreros lectores. Se construye un vínculo que solamente un lector puede comprender. Aparecen historias, imágenes de esos recorridos lectores particulares y las experiencias de lectura. Se busca  afinidades y complicidades.

Es tan intenso todo que casi no he sacado fotografías. Disfruto con una  inocencia y una gula inexplicables. He recibido algunos regalos que son tesoros para mí. El escritor Juan Yanes y su esposa me obsequiaron los cuentos completos de Javier Tomeo, que es un autor que empiezo a descubrir. Otros escritores de la región también me regalaron sus libros y llevo una valija cargada de sueños y esperanza.

Ahora escribo en el barco que me aleja de Tenerife. Mezcla de felicidad y nostalgia. Felicidad por haber gozado la gula con mujeres escritoras en un restaurante de una escuela de hotelería y darnos cuenta en esa charla que estamos hermanadas por la lucha contra la violencia de la que todas fuimos (y somos) víctimas. Mujeres poderosas, felices y comprometidas con una realidad que duele. Mujeres que queremos instalar en este mundo el mundo que debiera ser. Nostalgia porque quisiera volver a esos lugares en los que he sido feliz.

Este es un viaje intenso. Viajo sin mapa ni brújula. Vine a Europa a aprender, a especializarme un poco más en lo que es mi pasión: la escritura (y la lectura).

Pero también vine para darme cuenta de que este mundo tan inmenso a veces es pequeño y te podés encontrar con un libro en el que aparecen textos tuyos en una remota isla al otro lado de tu mundo. Y te podés encontrar con una lectora que sabe quién sos, qué escribís y que te ha leído. Hablamos de maestros y de literatura. Fue como estar en casa. Hay un hilo invisible que conecta a los lectores.

Para activar ese hilo, llevo siempre un libro conmigo y lo gozo a la noche antes de dormir. Aunque sean unas pocas páginas. En este viaje me acompaña La mancha humana, de Philip Roth. Es crudo, desalmado. El narrador peca de ingenuo y se deja llevar por las historias que le cuenta el protagonista. Espero que este libro me recomiende buenos amigos.